COMPETENCIA DESLEAL
La crisis económica española favorece la aparición de la economía sumergida y, en general, la precarización del trabajo.
La economía sustentada predominantemente por empresas pequeñas, con tecnologías intensivas en mano de obra y requerimientos de un equipo y capital escaso y poco sofisticado, constituye un excelente caldo de cultivo para ese fenómeno.
Así, ante las dificultades para competir por parte de determinadas empresas, la opción elegida es sustraerse a la legislación laboral y fiscal para abaratar costes de producción.
Aunque la cuantificación del volumen de economía sumergida sea complicada, es fácil detectar su especial incidencia en sectores tradicionales como el textil, el calzado, el juguete, la madera, el mueble, la hostelería, el campo y las ventas.
Así, ante las dificultades para competir por parte de determinadas empresas, la opción elegida es sustraerse a la legislación laboral y fiscal para abaratar costes de producción.
Aunque la cuantificación del volumen de economía sumergida sea complicada, es fácil detectar su especial incidencia en sectores tradicionales como el textil, el calzado, el juguete, la madera, el mueble, la hostelería, el campo y las ventas.
Aunque en un primer momento el subempleo puede aliviar situaciones especialmente graves, a la larga, sus efectos son inequívocamente negativos, ya que introduce una competencia desleal para las empresas que actúan sujetas a la fiscalidad y a la seguridad social. Además, su extensión reduce el incentivo de la empresa a la modernización y al desarrollo tecnológico como vías para conseguir mayor competitividad y, desde un punto de vista laboral, sitúa al trabajador en una posición totalmente desprotegida, coadyuvando a la precarización en las relaciones laborales.
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