jueves, 27 de noviembre de 2014

POPULISMO BUENO Y POPULISMO MALO


Nunca el término populismo ha estado tan en boga entre la clase política como lo está en la actualidad ante la aparición de Podemos y sus ofertas de tipo social como económico a los españoles. De demagógico y sobre todo populista, ha sido tachado este mensaje que desde Podemos se ha lanzado a los españoles, calificándolo de engaño, de mentira y de levantar falsas expectativas entre los ciudadanos en momentos tan difíciles como los actuales.

Todo esto recuerda aquellas ofertas del PSOE, allá por el final de los años setenta y mitad de los ochenta, que nos ofrecía a los españoles una sociedad mejor en la cual se universalizaría la asistencia sanitaria gratuita, se establecería la gratuidad de la enseñanza en los niveles obligatorios propiciando el que con este nuevo sistema educativo y formativo, los hijos de los trabajadores pudieran acceder a los estudios universitarios, se pondrían en marcha servicios sociales dentro de los cuales se establecerían ayudas de tipo asistencial y económico a las personas discapacitadas, prestando especial atención a las personas mayores, creando para ello residencias o centros geriátricos donde pudieran pasar sus últimos años de vida debidamente atendidas, se establecería un sistema de pensiones, las actuales pensiones no contributivas (subsidios), para que todos aquellos que habían trabajado por cuenta ajena y no hubiesen cotizado, pudieran disponer de medios económicos para vivir con una cierta dignidad, se arbitrarían ayudas económicas a las familias, a los estudiantes y a los trabajadores para que su situación de desempleo sin subsidio fuera lo más llevadero posible, se enumeraron una serie de medidas, todas ellas de tipo social, laboral y económico que fueron duramente criticadas desde la derecha, como ahora se hace con las de Podemos, calificándolas de demagógicas y de irrealizables argumentando que para todo eso hacía falta mucho dinero del cual se carecía. El tiempo les arrebató sus argumentos fruto de su insensibilidad ante la problemática que afectaba a los menos favorecidos. Todo ello se llevó a cabo durante los catorce años de Gobierno socialista en España. No era cuestión de dinero, sino de buena voluntad y de mejores deseos, y sobre todo, de marcar prioridades y de intentar sacar a las personas de situaciones de miseria y desamparo, de establecer el principio de igualdad al que todos tienen derecho. Como gritan tanto@s españolas/es en estos momentos. "SÍ SE PUEDE", pero depende del Gobierno y el actual no está, los hechos lo demuestran, por la labor. Todo aquello que se hizo para mejorar la calidad de vida de los españoles lo han desmontado Rajoy y sus ministros en solo tres años. No es cuestión de dinero, es cuestión del empleo que se le dé al mismo. Hay que rescatar al pueblo, no a los bancos.

¿Demagogia? ¿Populismo? ¿Qué hizo entonces el Partido Popular cuando en su oferta electoral de 2011 incluía la bajada de impuestos, acabar con el paro y sobre todo crear empleo para nuestros jóvenes, mejorar la sanidad, la educación, los servicios sociales, potenciar las ayudas a las personas discapacitadas y dependientes, a las familias, a los estudiantes, a las pymes y a los emprendedores, mejorar las pensiones y una larga lista de falsas promesas?

Los Wert, los Mato, los Báñez, los Montoro, los De Guindos, los Gallardón han sido los encargados de materializar la gran mentira. Nada de esto se ha cumplido, todo ha resultado del revés, más impuestos, peor estado de la economía, más paro, peor sanidad, peor educación, servicios sociales prácticamente inexistentes, tasas judiciales, todo ha empeorado y l@s españoles/as lo estamos sufriendo en nuestros hogares, el que aún pueda conservarlo. Es la gran mentira, la mayor estafa electoral de la historia de España. Es la gran evasión de un Gobierno formado por incompetentes, osados, atrevidos y mentirosos que, para rematar la faena nos anuncia que en 2015 se crearán 600.000 puestos de trabajo. Desde luego, hay populismo y populismos. Según la derecha, lo que fue en tiempos de Felipe González y actualmente en los del líder de Podemos.

Felipe González demostró que era posible, que "sí se podía" y se pudo.

Hay populismo bueno y populismo malo, Como el colesterol. Por lo visto, para el PP, el populismo que practica es el bueno, el de la mentira, el malo es el que viene desde la izquierda, una izquierda que sabe convertir, así lo ha demostrado, la utopía en realidad. Pero claro, ese populismo, el de la izquierda, tapona las venas de los ricos y les puede causar daños económicos irreparables.

El populismo, o la utopía, nos hacen soñar con esperanza e ilusión. La doctrina, la realidad actual, nos produce horribles pesadillas.

Leído en el Diario Información de Alicante de 26/11/2014
Autor: Pacual Mogica Costa

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MIEDO A PODEMOS





 MIEDO AL MIEDO

Publicado en el diario Información de Alicante el 26/11/2014
Autor: José María Tortosa
Psicólogo

Me refiero al miedo fomentado por intereses electorales, por quienes se benefician del miedo a Podemos que se observa en ciertas capas sociales que, gracias a él, regresarán el voto al PP que habían abandonado.No hablo de los que temen, como IU o PSOE, que les quiten votos. Tampoco hablo de miedos producidos por llamarlos "bolivarianos" que es como amenazar con el Duque de Alba a los niños de los Países Bajos. (Sí, aquí asustamos con el hombre del saco, en Holanda con los españoles).

Si es por miedo, como conservador temería el aumento de desahucios, de desempleo, de explotación laboral, pobreza y hasta de desigualdad (aunque esto último no preocupa a quien como Goethe "prefiere la injusticia al desorden"). Temería la irritación que manifiestan las Marchas de la Dignidad y que expresaron en su tiempo los 15m/22m o las "Mareas". Podrían reventar en cualquier momento. Y esta es la primera razón para no temer a Podemos. A fin de cuentas, el partido proporciona un cauce para que esos indignados se integren en el sistema político existente. Para cambiarlo, dicen, desde dentro. en otras palabras, consigue integrar en el sistema incluso a los antisistemas (no a todos, obviamente).

De momento ya han conseguido cambiar discursos de los otros, y hasta podrían conseguir que cambiasen algunas de las impresentables prácticas de los partidos asentados. No está mal.

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martes, 18 de noviembre de 2014

SE ABRE UNA GRAN OPORTUNIDAD


En 1978 los españoles tomaron la calle. Fue un año convulso de numerosas manifestaciones y reivindicaciones de todo tipo


Se nos ha abierto una gran oportunidad tras la reforma de la Constitución realizada por PPSOE para reencauzar y reparar las disfunciones que padece la estructura del Estado después de 36 años.
La Constitución es la Ley más importante de un país, y ninguna otra Ley puede ser contraria a ella. Por eso se dice que la Constitución es la Norma Suprema de un Estado. Ningún partido político, ni gobierno, puede reformarla sin el consentimiento del Pueblo, de quien emanan los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Por ello, la  reforma de la Constitución para incluir el nuevo artículo 135 acordado por el PP y el PSOE - con el consentimiento del Senado, Tribunal Constitucional y resto del Congreso- en el año 2011 es contrario a la Ley. Es decir, los poderes legislativo, ejecutivo y judicial actúan de espaldas a la constitución. 

La reforma antidemocrática realizada a espaldas de los ciudadan@s ha cambiado sustancialmente la Constitución.

Una reforma de la Carta Magna tiene que basarse en el valor de la democracia pluralista, participativa, y en la soberanía del pueblo si de verdad queremos tener una democracia de alta calidad.

La Soberanía radica en el Pueblo, por consiguiente, todo poder deriva de él, y por ello, requiere de su consenso y aprobación. Los políticos son sus delegados y sirvientes. De manera que, todos los que ejercen el poder lo hacen por voluntad del Pueblo y a él deben rendir cuentas: son meros administradores, y en cualquier ocasión son responsables ante aquél. 
Papeletas para el referendum constitucional.
El Rey Juan Carlos I procede a la sanción de la Constitución el 27 de diciembre de 1978 en el Congreso de los Diputados, en presencia de la Reina Sofía, el príncipe Felipe y el presidente de Las Cortes, Antonio Hernández.
Es evidente que debemos aprovechar la oportunidad para reequilibrar los Derechos constitucionales que han sido, primero ignorados, y después arrasados por las nefastas e ineficientes políticas impuestas desde Europa.

Una reforma que ponga coto a los excesos, no sólo de los partidos políticos, sino de todos los poderes del Estado: Legislativo, ejecutivo y Judicial, y que dé acceso a los procesos de participación directa, democrática, que los ciudadanos exigimos para el siglo XXI. 


Necesidad reformar nuestro sistema de gobierno             

Todo poder de suspensión o ejecución de leyes, por cualquier autoridad que carezca del consentimiento del Pueblo, es injurioso a sus derechos, y no debe ser ejercido. No respetar esta Norma es una usurpación violenta de los Derechos del Pueblo. Es ejercer un poder absoluto, y por tanto, ilegítimo.

            Y cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, éste tiene el derecho, tiene el deber, de establecer nuevas garantías para su futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento; tal es ahora la necesidad que nos obliga a reformar nuestro sistema de gobierno. La historia actual es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta  sobre este Estado.

            En cada etapa de estas opresiones hemos pedido justicia en los términos más humildes; a nuestras repetidas peticiones se ha contestado solamente con agravios.

            Hemos apelado al sentido de la justicia y les hemos conjurado a repudiar esas usurpaciones.

            Han sido sordos a la voz de la justicia.


El periodo actual está dominado por:
  •  Posturas reaccionarias clase política.
  • Objetivos políticos duramente reprimidos.



            Nada han querido aprender de los cambios realizados por las revoluciones.

            Debemos pues, aceptar la necesidad y considerarlos como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, amigos en la paz.

            «Si los ciudadanos no son capaces de defender sus Derechos Fundamentales, y no son educados para ello, ninguna ley natural permanente e inmutable los salvará»












































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