DIMENSIÓN INADECUADA
La
flexibilidad de un tejido empresarial de pequeña y mediana empresa y el
potencial turístico constituyen para muchos la esencia de un modelo de
éxito en el contexto de las regiones españolas, lo cierto es que para la
mayoría de los economistas académicos, tales consideraciones no son más
que cortinas de humo que impiden un análisis correcto de la situación.
En
efecto, más allá de lecturas interesadas, lo cierto es, que en términos
de crecimiento, productividad, stock de capital, consumo, ahorro e
inversión, los resultados son mediocres en el contexto español, y lo que
es más preocupante, no se observa éxito en la política económica para
redefinir un modelo de crecimiento que supere las deficiencias.
Los
efectos asociados a estructuras de pequeñas y medianas empresas son de
sobra conocidas y explicadas por la literatura, afectando tanto a los
procesos de creación y difusión de I+D+i como a la adecuación de capital
humano.
Es
cierto que hay algunos productos que es conveniente fabricar en
pequeños establecimientos, pero es indudable que, en general, el avance
de la técnica y el crecimiento de la demanda mueven el tamaño óptimo de
las empresas hacia arriba, de manera que cada vez tienden a ser más
grandes.
Las
industrias pequeñas no pueden invertir cantidades masivas en la
renovación de técnicas y utillaje, ni en investigación necesaria para
mejorar su productividad, por lo que el precio de sus productos resulta
caro y poco competitivo. Esta empresa solo puede subsistir gracias a una
fuerte protección.
Las estadísticas nos informan claramente de la situación en España:
- Una cantidad abrumadora de establecimientos de dimensiones muy
reducidas a los que se suponen bajos niveles de productividad y ocupan a
una parte muy importante de la población (59,7%).
- Escaso número de establecimientos medianos –se podría esperar que fueran el grupo más importante— (25,6%).
- Pocas empresas grandes, a las que se supone una elevada productividad y
eficacia, ocupan a un elevado número de técnicos, administrativos y
obreros (14,7%)
- Finalmente, es interesante observar el peso de los establecimientos pequeño-medianos frente a los grandes (85,3%).
Es
importante destacar la distancia entre nuestras “grandes” y las
primeras empresas de la UE, que es abrumadora. En sectores como
alimentación, bebidas…, la proporción entre la primera española y la
primera comunitaria es 70 veces más pequeña.
Para
corregir las deficiencias de equipamiento y el problema dimensional de
nuestras empresas las medidas a adoptar para lograr el tamaño necesario
son esencialmente:
1. Fomentar el crecimiento interno de las empresas (autofinanciación) y dar facilidades para obtener créditos.
2. Proceder a la concentración de empresas; (Absorción, fusión)
- Ya sea reuniendo una serie de empresas que se dedican a lo mismo
- O asociando fabricantes que se ordenan dentro de un proceso tecnológico (hilaturas, tintes, tejidos, confección).
Ambas
integraciones pueden dar como resultado complejos industriales en los
que se concentra la producción con el fin de reducir los gastos de
transporte y emisiones de CO2 y en atención a las economías de escala,
es decir, al hecho de que aumentando el tamaño de la empresa, aumenta la
producción más que los costos fijos como pueden ser: el número de
obreros, gastos de mantenimiento, publicidad, etc.
Las
acciones se basarían en acuerdos entre las empresas a fin de facilitar
la ampliación y modernización de los sectores industriales. Las empresas
de un determinado sector se comprometerían y se propondrían una serie
de objetivos:
- Concentración de empresas
- Ampliación de las instalaciones o crear servicios comunes a varias empresas a fin de alcanzar las dimensiones oportunas
- Aumento de la producción
- Incremento de la productividad
- Modernización, renovación o mejora de los medios de trabajo, instalaciones, maquinaria, etc.
- Racionalización de los procesos
- Mejora de la calidad de los productos manufacturados
- Promoción social mediante una formación profesional adecuada y mejoras salariales.
El
grado de integración que presenta la estructura productiva es bajo. Hay
que destacar que todos los sectores tradicionales que conforman el
núcleo central de la industria, adolecen de un falta de capacidad de
arrastre, que constituye una de las principales deficiencias de nuestra
estructura productiva. En general, la gran diferencia entre los sectores
manufactureros españoles y lo que ha podido suceder en otros lugares,
es que no hemos sido capaces de integrar, de “agrupar estratégicamente”,
y por tanto, el futuro de nuestros sectores adolece de ciertas
debilidades importantes.
Por
lo que se refiere al sector terciario, merece la pena plantear algunos
rasgos específicos. En concreto, el turismo. No ya sólo a la hora de
incrementar en términos de contabilidad nacional el subsector de
hostelería y restauración, sino a través del fuerte efecto multiplicador
que las actividades turísticas comportan. Piénsese en el efecto de
arrastre de la actividad turística en la actividad comercial, el
transporte, la construcción, suministros o la propia industria
alimentaria. Se han configurado distintas tipologías que articulan una
oferta graduada pero en la que la política turística resulta a veces contradictoria.
El
esfuerzo en I+D+i que se lleva a cabo en la inmensa mayoría de las
empresas españolas es reducido o inexistente, y aún añadiendo el que se
realiza en los centros públicos de investigación.
El
recurso a la economía sumergida resulta por otra parte habitual en
sectores como el calzado,la confección, la hostelería, la agricultura,
la construcción o las ventas, y la presencia de las empresas en los
mercados exteriores no se produce, por lo general, mediante marcas y
redes de comercialización propias.
El turismo y la agricultura siguen siendo bazas importantes en el crecimiento económico.
Una visión realista de la economía no puede, en consecuencia, dejar de notar que las producciones industriales presentan una acusada dependencia de las importaciones de bienes intermedios y equipos, y que los bienes que exporta son en su mayoría de los casos correspondientes a ramas de la producción madura en que el
factor competitivo reside mucho más en los costes que en la capacidad
de ejercer poder de mercado a través de la diferenciación del producto.
- Si la producción debe venderse en un mercado abierto, sólo puede defenderse:
a) Reduciendo los costos salariales, y por tanto, pagando poco.
b)
Reduciendo los niveles de beneficios de la empresa, con lo que a su vez
estrangula su crecimiento y sus posibilidades de autofinanciación.
c) Modernizando los medios de trabajo y racionalizando los procesos productivos, para lo que se precisan grandes inversiones.
Las empresas autóctonas deberán encontrar la senda de crecimiento en lo que los anglosajones llaman “upgrading”, la
elevación sistemática de los niveles de eficiencia y calidad del tejido
productivo existente, y el desarrollo de producciones de mayor valor
añadido. En este sentido, la captación de inversiones directas
españolas puede ser un elemento complementario importante de estímulo al
tejido industrial y terciario.
El
predominio de la pequeña dimensión agrava los problemas de adaptación
de la estructura organizativa de las empresas a las exigencias de la
globalización y la dinámica tecnológica actual. Aspectos como la
capacidad de financiación, tecnológica y de diseño, la proyección
internacional, así como los recursos comerciales se ven negativamente
afectados, deteriorando la capacidad competitiva. Ahora bien, el tamaño
de una empresa individual es menos relevante si existen redes
productivas. Las exigencias de ajustes estructurales, concentraciones
empresariales, redes propias, diseño, I+D+i, diferenciaciones de
producto, fuertes procesos de inversión e incrementos de productividad
en todos los frentes (I+D+i, diseño, capital humano, etc.), son
determinantes de cara al futuro de sectores enteros.
Características empresa española III