viernes, 27 de julio de 2012

CARACTERISTICAS EMPRESA ESPAÑOLA II

DIMENSIÓN INADECUADA

La flexibilidad de un tejido empresarial de pequeña y mediana empresa y el potencial turístico constituyen para muchos la esencia de un modelo de éxito en el contexto de las regiones españolas, lo cierto es que para la mayoría de los economistas académicos, tales consideraciones no son más que cortinas de humo que impiden un análisis correcto de la situación.

En efecto, más allá de lecturas interesadas, lo cierto es, que en términos de crecimiento, productividad, stock de capital, consumo, ahorro e inversión, los resultados son mediocres en el contexto español, y lo que es más preocupante, no se observa éxito en la política económica para redefinir un modelo de crecimiento que supere las deficiencias.

Los efectos asociados a estructuras de pequeñas y medianas empresas son de sobra conocidas y explicadas por la literatura, afectando tanto a los procesos de creación y difusión de I+D+i como a la adecuación de capital humano.

Es cierto que hay algunos productos que es conveniente fabricar en pequeños establecimientos, pero es indudable que, en general, el avance de la técnica y el crecimiento de la demanda mueven el tamaño óptimo de las empresas hacia arriba, de manera que cada vez tienden a ser más grandes.

Las industrias pequeñas no pueden invertir cantidades masivas en la renovación de técnicas y utillaje, ni en investigación necesaria para mejorar su productividad, por lo que el precio de sus productos resulta caro y poco competitivo. Esta empresa solo puede subsistir gracias a una fuerte protección.

Las estadísticas nos informan claramente de la situación en España:
  • Una cantidad abrumadora de establecimientos de dimensiones muy reducidas a los que se suponen bajos niveles de productividad y ocupan a una parte muy importante de la población (59,7%).
  • Escaso número de establecimientos medianos –se podría esperar que fueran el grupo más importante— (25,6%).
  • Pocas empresas grandes, a las que se supone una elevada productividad y eficacia, ocupan a un elevado número de técnicos, administrativos y obreros (14,7%)
  • Finalmente, es interesante observar el peso de los establecimientos pequeño-medianos frente a los grandes (85,3%).
Es importante destacar la distancia entre nuestras “grandes” y las primeras empresas de la UE, que es abrumadora. En sectores como alimentación, bebidas…, la proporción entre la primera española y la primera comunitaria es 70 veces más pequeña.

Para corregir las deficiencias de equipamiento y el problema dimensional de nuestras empresas las medidas a adoptar para lograr el tamaño necesario son esencialmente:

1. Fomentar el crecimiento interno de las empresas (autofinanciación) y dar facilidades para obtener créditos.

2. Proceder a la concentración de empresas; (Absorción, fusión)
  • Ya sea reuniendo una serie de empresas que se dedican a lo mismo
  • O asociando fabricantes que se ordenan dentro de un proceso tecnológico (hilaturas, tintes, tejidos, confección).
Ambas integraciones pueden dar como resultado complejos industriales en los que se concentra la producción con el fin de reducir los gastos de transporte y emisiones de CO2 y en atención a las economías de escala, es decir, al hecho de que aumentando el tamaño de la empresa, aumenta la producción más que los costos fijos como pueden ser: el número de obreros, gastos de mantenimiento, publicidad, etc.

Las acciones se basarían en acuerdos entre las empresas a fin de facilitar la ampliación y modernización de los sectores industriales. Las empresas de un determinado sector se comprometerían y se propondrían una serie de objetivos:
  • Concentración de empresas
  • Ampliación de las instalaciones o crear servicios comunes a varias empresas a fin de alcanzar las dimensiones oportunas
  • Aumento de la producción
  • Incremento de la productividad
  • Modernización, renovación o mejora de los medios de trabajo, instalaciones, maquinaria, etc.
  • Racionalización de los procesos
  • Mejora de la calidad de los productos manufacturados
  • Promoción social mediante una formación profesional adecuada y mejoras salariales.
El grado de integración que presenta la estructura productiva es bajo. Hay que destacar que todos los sectores tradicionales que conforman el núcleo central de la industria, adolecen de un falta de capacidad de arrastre, que constituye una de las principales deficiencias de nuestra estructura productiva. En general, la gran diferencia entre los sectores manufactureros españoles y lo que ha podido suceder en otros lugares, es que no hemos sido capaces de integrar, de “agrupar estratégicamente”, y por tanto, el futuro de nuestros sectores adolece de ciertas debilidades importantes.

Por lo que se refiere al sector terciario, merece la pena plantear algunos rasgos específicos. En concreto, el turismo. No ya sólo a la hora de incrementar en términos de contabilidad nacional el subsector de hostelería y restauración, sino a través del fuerte efecto multiplicador que las actividades turísticas comportan. Piénsese en el efecto de arrastre de la actividad turística en la actividad comercial, el transporte, la construcción, suministros o la propia industria alimentaria. Se han configurado distintas tipologías que articulan una oferta graduada pero en la que la política turística resulta a veces contradictoria.

El esfuerzo en I+D+i que se lleva a cabo en la inmensa mayoría de las empresas españolas es reducido o inexistente, y aún añadiendo el que se realiza en los centros públicos de investigación.

El recurso a la economía sumergida resulta por otra parte habitual en sectores como el calzado,la confección, la hostelería, la agricultura, la construcción o las ventas, y la presencia de las empresas en los mercados exteriores no se produce, por lo general, mediante marcas y redes de comercialización propias.

El turismo y la agricultura siguen siendo bazas importantes en el crecimiento económico.

Una visión realista de la economía no puede, en consecuencia, dejar de notar que las producciones industriales presentan una acusada dependencia de las importaciones de bienes intermedios y equipos, y que los bienes que exporta son en su mayoría de los casos correspondientes a ramas de la producción madura en que el factor competitivo reside mucho más en los costes que en la capacidad de ejercer poder de mercado a través de la diferenciación del producto.

  • Si la producción debe venderse en un mercado abierto, sólo puede defenderse:

a) Reduciendo los costos salariales, y por tanto, pagando poco.

b) Reduciendo los niveles de beneficios de la empresa, con lo que a su vez estrangula su crecimiento y sus posibilidades de autofinanciación.

c) Modernizando los medios de trabajo y racionalizando los procesos productivos, para lo que se precisan grandes inversiones.

Las empresas autóctonas deberán encontrar la senda de crecimiento en lo que los anglosajones llaman “upgrading”, la elevación sistemática de los niveles de eficiencia y calidad del tejido productivo existente, y el desarrollo de producciones de mayor valor añadido. En este sentido, la captación de inversiones directas españolas puede ser un elemento complementario importante de estímulo al tejido industrial y terciario.

El predominio de la pequeña dimensión agrava los problemas de adaptación de la estructura organizativa de las empresas a las exigencias de la globalización y la dinámica tecnológica actual. Aspectos como la capacidad de financiación, tecnológica y de diseño, la proyección internacional, así como los recursos comerciales se ven negativamente afectados, deteriorando la capacidad competitiva. Ahora bien, el tamaño de una empresa individual es menos relevante si existen redes productivas. Las exigencias de ajustes estructurales, concentraciones empresariales, redes propias, diseño, I+D+i, diferenciaciones de producto, fuertes procesos de inversión e incrementos de productividad en todos los frentes (I+D+i, diseño, capital humano, etc.), son determinantes de cara al futuro de sectores enteros.

Características empresa española III