martes, 14 de agosto de 2012

CARACTERÍSTICAS EMPRESA ESPAÑOLA III


REDUCIDA CAPACIDAD FINANCIERA

El grado de autofinanciación de las empresas españolas es bajo y ello demuestra que las inversiones necesarias son muy elevadas o que el pago de los intereses de la deuda acumulada es muy gravosa. Incapaz de autofinanciarse, recurre a fondos ajenos y pide una gran proporción de créditos con lo que la situación queda muy condicionada por el alto grado de endeudamiento y muy inestable cuando, por razones económicas, se limita la concesión de crédito.

Nuestro desarrollo, sigue pues, un modelo contrario al americano, en el que las grandes industrias crearon la banca, en el caso español, la banca es básica para la financiación de la industria. Así pues, el hecho de disponer de la mayor parte de los recursos monetarios del país a través del mecanismo de los depósitos bancarios, da a la banca la posibilidad de penetrar en las principales empresas y ejercer sobre ellas un verdadero dominio.

La falta de capitales para la industria, lleva a considerar la conveniencia de la financiación exterior mediante la entrada de capitales extranjeros de las multinacionales extranjeras (que sacan del país los beneficios).
Las empresas extranjeras invirtieron en España porque lo creyeron conveniente dado una serie de factores favorables, entre ellos:
  • Un mercado en expansión que deseaban controlar
  • Leyes favorables a la inversión
  • Bajo índice de presión fiscal
  • Un costo de mano de obra relativamente bajo
  • Garantías suficientes de estabilidad política y económica.
Ahora se marchan hasta las españolas, que priman los beneficios desorbitados frente a la responsabilidad social. Es necesario apoyar nuevos empresarios socialmente comprometidos con España.

España recibe ahorro externo de la UE desde nuestra incorporación como miembro, sin embargo, estas transferencias de ahorro exterior, no han sido, ni lo serán en el futuro, elementos significativos de crecimiento.

Un problema al que cabe prestar atención radica en la incapacidad de la economía española para financiar con ahorro interno su crecimiento. El recurso al financiamiento externo significa déficit por cuenta corriente, es decir, un desequilibrio en la balanza de pagos. A largo plazo, los desequilibrios en la balanza por cuenta corriente exigen posteriores ajustes y superávit que restituyan el equilibrio en las cuentas exteriores y la confianza de los inversores internacionales. Durante todo el siglo, la capacidad de financiación de la nación ha sido el gran estrangulador del crecimiento económico español.

Si se asume que las economías centrales europeas (Alemania, Francia, Holanda, etc.), tienen mayores posibilidades de atracción y captación de capitales que la española, dada la divergencia existente entre sus estructuras productivas, industrias con mayor valor añadido y componente tecnológico más diferenciado, de un tamaño medio superior o más capitalizadas, etc., o si se considera que el alejamiento de nuestra economía de los principales centros de consumo europeos (España es una economía periférica dentro de la UE, apartada de los mercados básicos, y hoy por hoy, como demuestran todos los estudios, la distancia sigue siendo un factor determinante para la ubicación de multitud de empresas), define una marginalidad en el proceso de elección de ubicación industrial y un bajo nivel relativo de inversión extranjera, centrada en aquella menos vinculada a los mercados de consumo y que busca, exclusivamente, las posibles ventajas comparativas de una determinada economía. Si se asumen estos principios elementales, veremos con claridad que nuestro desarrollo depende sobremanera, de la inversión efectuada por las empresas autóctonas. Entonces, la iniciativa más determinante es la potenciación del ahorro interno y la oferta de fondos prestables para financiar la inversión privada autóctona.

En un mercado de imperfecta movilidad de capitales, la variable relevante vuelve a ser la tasa de ahorro interno. Mayor imperfección de los mercados, mayor dependencia de la tasa de ahorro interna. Es cierto que una tasa de ahorro elevada no es una condición suficiente para poder conseguir financiar un crecimiento de la renta durante un largo período de tiempo, pero la evidencia empírica muestra que es una condición necesaria para lograrlo. En los últimos decenios ningún país con bajas tasas de ahorro ha conseguido reducir el diferencial de renta con los países más desarrollados, por el contrario, aquellos que han propiciado tasas de ahorro elevadas han conseguido acortar distancias.

Los denostados acuerdos de Maastrich buscaban la consecución del binomio solidaridad-integración. Pasado el impulso inicial y sustituidas las personas que signaron tales principios, los países dan una triste imagen en los debates presupuestarios. La solidaridad suele olvidarse cuando se habla de dinero, todo se pone en tela de juicio. De acuerdo con los nuevos principios auspiciados por la Comisión, ni los países con mayor renta per cápita son los que más recursos deben aportar al presupuesto, ni debe existir un trasvase apreciable de los países ricos a los de menor renta per cápita. Antes al contrario, el esquema planteado, como la misma Comisión reconoció, fue regresivo y significó un recorte significativo a los ingresos recibidos por España. La nueva propuesta se basó en ideas sencillas:
  • No hay más recursos pero si más gastos (los países del Este)
  • Si no hay más dinero pero si más gasto, habrá que retocar los destinos actuales, principalmente el presupuesto agrario y la política regional, dado que entre ambas absorben casi el 90% del presupuesto comunitario.
  • Cualquier acuerdo pasa por el compromiso de que el país que más recursos aporta, Alemania, vea reducida su factura neta.
Las dificultades para la economía española y los retos que deberá afrontar, como podemos constatar, son diversos e importantes pero, existen posibilidades razonables de que España, por primera vez en varios siglos, no quede descolgada y se incorpore a los países económica y socialmente avanzados.

Características empresa española IV

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